Periodismo de riesgo

No te creas que es fácil esto de ser periodista. Y escribir, al menor tratar de hacerlo, con serio criterio. Uno lleva ya más de cuarenta años en esta profesión y desde el primer día tuve muy claro que hay dos formas de afrontarla: una es emplear este espejo para reflejar los intereses de aquellos que te mandan o intentan mandarte, para reflejarles a ellos y reflejarte a una parte de tí; lo que supondría genuflexión, onanismo y calderilla. Y otra, la de tratar de reflejar cuanto te rodea, sin cortapisas. Y entonces lo que escribes, hablas o comunicas es periodismo de autor, esgrima candente forjada en la independencia y en el servicio a la información de los demás. Es posible que en ese camino haya quien no entienda que a veces la prosa debe ser picada y especiada para que sea sabrosa, frases coloquiales que no siempre son lo que parecen y , desde luego, el objetivo permanente de no engañar con malabarismos retóricos porque el periodista, en su servicio a la sociedad, se ve obligado a ganar un permanente mano a mano con la actualidad.

 

Jamás en mi vida he criticado a personas. Siempre a sus actitudes y en bastantes ocasiones, aptitudes. Mi interés primordial ha sido, es, desterrar el tedio de mis escritos y ,para ello, a la ironía dosificada intento sumar cierto sarcasmo franco que ha sido la tradición más genuina del articulista patrio. Desde Camba a Pedro Rodríguez pasando por Cesar Ruano, Márquez Reviriego o nuestro admirado y admirable Jaime Campmany. Qué habría sido de ellos si quienes fueron objeto de sus críticas se hubieran dedicado a cazar moscas por el rabo y no entender de qué va la cosa de la libertad de expresión, de opinión y de información.

 

Porque claro, estamos hablando de tres pilares de la democracia. A los ciudadanos no solo hay que pedirles que voten cada cuatro años. Los ciudadanos, en democracia, tienen derecho a estar informados, a analizar estados de opinión y a forjarse al final un criterio para tomar las decisiones en su justo derecho y medida.

 

Digo todo esto al socaire de los últimos acontecimientos reflejados en este blog, donde algunos aludidos pueden sufrir de vértigo. Y resulta, un suponer, que si opinas que el señor Ferrer debió pedir disculpas a la familia de una paciente fallecida a causa de un error o negligencia, si informas que detrás del cese del doctor Almela como gerente del hospital de Cieza hay un móvil político o si el presidente de CROEM, José María Albarracín debería tratar mejor a sus predecesores o contener adecuadamente sus impulsos políticos a favor del pepé y en contra de la oposición, viene a caerte encima la espada flamígera del abogado de turno amenazándote con una querella. Y tú, que escribes echándote para atrás la corbata y con el cuello de la camisa muy suelto, sigues en lo que siempre has pensado. Que estamos en un Estado de Derecho donde la libertad de información y la libertad de expresión son fundamentales. En buena hora.

No es que lo diga yo. Es que lo dice la Constitución Española. Y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Y el Convenio Europeo para la protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales. Y la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea. Y no es que este tema sea nuevo es que el Instituto Internacional de Prensa, a raíz del “Caso Mallorca” acaba de publicar un estudio denominado “El estado de la libertad de prensa en España” en el que destaca su preocupación porque “ el nivel de fundamentos jurídicos en las querellas que se están presentando en nuestro país contra los periodistas están muy por debajo de los estándares internacionales” . Tanto es así que la inmensa mayoría de ellas acaban sobreseídas o desestimadas.

 

Aclaremos otra vez. Si yo critico, pongo por caso, al señor Ferrer porque entiendo que la institución que dirige no ha estado a la altura de las circunstancias, en el caso ya expuesto, con el resultado final de una vida humana; para nada lo estoy criticando a él como persona o como excelente pediatra, que , por cierto, lo es. Sino que le solicito la adopción de medidas coherentes con su capacidad de gestión pública de un centro privado con subvenciones públicas y por su responsabilidad “in vigilando” de los protocolos que se apliquen en su hospital. Tres cuartos y mitad se podría decir de los señores Asensio o Villegas en el “caso Almela”. Aunque aquí el móvil es político y el resultado, un cese. De igual manera habría que entender críticas por actuaciones en el desempeño de su cargo a López Miras, a Pepe López (qué no se habrá dicho y escrito del ex alcalde de Cartagena), a Cristina Cifuentes, a Pablo Iglesias en su chalé o al obispo de Jaca en su palacio. Mas claro, el agua.

 

Si yo rechazo los posicionamientos políticos de José María Albarracín, no estoy entrando de ninguna manera en su órbita privada porque sus pronunciamientos han sido trascendentes, notorios y su cargo es público. Si me muestro contrario a su presencia en un vídeo de apoyo a Pedro Antonio Sánchez no es porque yo tenga “animus injuriandi” contra él sino porque tan público y notorio es que lo hizo, como que la organización que preside debe ser neutral. Todos sabemos como trata Albarracín al Pepé en sus declaraciones. Y cómo lo hace con Pesoe, Podemos y últimamente tras lo del ARCA, hasta Ciudadanos. Si entiendo que el presidente de CROEM no puede impulsar, sin el consenso político total y absoluto, una Ley de Aceleración Empresarial ,que la propia Secretaria General de la Asamblea Regional, una letrada de altísimo prestigio, rechaza abiertamente por “invadir competencias estatales y municipales y por generar inseguridad jurídica”, no estoy juzgando al brillante empresario del pimentón ( así lo he reconocido en otras muchas ocasiones). O si me posiciono, como el ex presidente Alberto Garre, en contra de que CROEM perciba complementos de dietas para sus directivos procedentes del erario público, no estoy pensando en bolsillos privados, precisamente. Y si me entero que el mandatario empresarial anda filtrando entre destacados periodistas presuntas crisis en Somos Región, que nadie espere que me lo calle. Como, en su día, no me callé las críticas al Lucero del Alba, a Zapatero,a Cospedal, a Rajoy o al propio Valcárcel, mi presidente y , sin embargo, amigo.

Y así podría poner infinidad de casos más, a lo largo y ancho de una impecable trayectoria profesional de más de cuarenta años en la que siempre he procurado informar con veracidad, salvaguardar mis fuentes y el correspondiente secreto profesional , opinar desde el rigor y hacerlo todo ello desde el más profundo respeto al honor y ámbito privado; eso sí, sin renunciar un ápice a las responsabilidades que son exigibles a un cargo público. Y en esto también puedo dar muestras. Durante cerca de veinte años de dedicación políticas , he recibido críticas de todos los colores : duras, incisivas, irónicas, punzantes, descarnadas incluso y hasta alguna que otra, dolorosa. Pero siempre entendí, y entiendo, que el cargo lleva la carga. Y que nadie está en un cargo público por obligación. Y que para estar ahí hay que entender que la opinión y la información, derechos fundamentales, incluyen elementos valorativos que no tienen porqué ser malintencionados.

Concluyo. Vuelva el mensajero a su portal como el cura vuelve a su misa en la canción de Serrat. Aquí se han escrito y se seguirán escribiendo columnas desenfadadas, escritas sin ánimo de molestar y con intención de informar y entretener a mis lectores, suponiendo que los tenga. Como he hecho siempre. En la radio, en la prensa, en televisión o en las redes sociales. Procurando flirtear la veracidad de los hechos y el absoluto respeto a la frontera de lo personal ,con la ironía, cierto descaro y alguna pequeña dosis de buen humor. Y si alguien no lo entiende así, tú no sabes bien lo mucho que lo siento. Digo.

 

 

 

 

 

Categorías: Actualidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *