Igual que en un escenario/ finges tu dolor barato/ tu drama no es necesario/ ya conozco ese teatro… / Teatro, lo tuyo es puro teatro/ falsedad bien ensayada/ estudiado simulacro…/ Teatro, lo tuyo es puro teatro.

 

Estos versos, perdona que te diga, de la popular canción de La Lupe que tan bien interpretan Pasión Vega o Miguel Poveda le vienen, oye, que ni pintados al todavía director general de Emergencias, Pablo Ruiz Palacios . Apúntate bien el nombre porque es el que ha conseguido que hoy en todos los medios nacionales ya no se hable de la dana que nos ha asolado estos días, la puta gota fría de toda la vida, ni de los cientos de vecinos que siguen desalojados en en varias pedanías de Murcia y en Los Alcázares ni de que las Vegas Alta y Media siguen en alerta por desbordamiento del Segura. Ya puede López Miras intentar pasearse por todas las televisiones imbuido en un uniforme del 112, que aquí lo que hoy cuenta, entre el estupor y la perplejidad de unos y otros, es que el máximo responsable de Emergencias y Protección Civil se va al teatro mientras su departamento aconseja a la gente que no salga al portal de la calle porque caen chuzos, rayos y centellas. Teatro, lo tuyo es puro teatro.

 

Argumenta Ruiz Palacios, con la inocencia de un recién llegado, que ya le ha pedido perdón a su consejera. Como si eso fuera suficiente. Porque a quien tiene que pedir perdón mi tocayo Ruiz es a los ciudadanos, los de la calle. Y a los miles de voluntarios, profesionales de emergencias y de la seguridad del Estado que estaban jugándose la vida a la misma hora que él se quedaba traspuesto en las butacas del Romea. Porque esa es otra. Va y dice que ni se acuerda de la obra de Agatha Christie porque se quedó durmiendo, eso sí, con el móvil enchufado en un lugar donde lo primero que te piden cuando entras es que lo apagues. No tiene un pase, lo siento. Teatro. Lo tuyo es puro teatro. Berlanga pilla esta historia y reedita La escopeta nacional. Ya me contarás.

 

Y luego viene otro disparate. La Consejería de Transparencia, ¿transparencia?, hace lo que desaconseja el más elemental manual de comunicación. Guardar silencio hasta que la evidencia te deja con el dodotis al aire. Y una crisis de efecto previsible se convierte en imprevisible. Y alcanza no solo a la consejera que tiene la responsabilidad política de tomar decisiones, sino a todo un gobierno regional que tiene que plantarse en Madrid para exigir soluciones firmes y definitivas al disparate de planificación hídrica que venimos sufriendo los murcianos durante demasiadas décadas.

 

“¿Zona catastrófica dice usted? Pues no lo habrá sido tanto cuando su máximo responsable de emergencias se fue al teatro”, le podrían espetar a López Miras en la primera ventanilla a la que se acercase. Y para más inri, aconsejado por la aficionadilla de turno, va el interfecto y califica de “mera anécdota” lo sucedido.

¿Anécdota?. En política no hay anécdotas. Y menos cuando la ciudadanía está viviendo las consecuencias de un desastre medioambiental, social y económico. Una simple pregunta. ¿Qué hubiese ocurrido si en vez de un político lo hace un funcionario de alto grado?. Ya te lo digo yo, expediente y sanción al canto. La grieta en el gobierno regional que ha abierto Ruiz Palacios ha tardado poco en aprovecharla la oposición; pesoe y podemos ya han salido pidiendo su destitución inmediata. Veremos si no tenemos historieta para rato. Diego Conesa y Oscar Urralburu se frotan las manos pensando en los debates parlamentarios que el suceso puede originar en la Asamblea. Y en el pepé, son muchos los que le responden a mi enano infiltrado:

“Ya está tardando en dimitir. O su consejera en cesarle”.

Me dicen que Ruiz Palacios es un excelente, un magnífico profesional de la abogacía y lo doy por cierto. Y a ese oficio, porque así lo señalan los acontecimientos, deberá volver más pronto que tarde con el amargo recuerdo de una noche de teatro. En este otro menester de la política, algunas anécdotas por inoportunas, improcedentes e incoherentes, escriben con renglones torcidos. Puedo decirlo más alto, Beatriz. Pero, desde luego, no más claro.

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